marzo 07, 2012

De esquizofrenia, Facebook y demás porquería

Recuerdo que hace tres años entré a la Universidad y la visión de la vida que tenía en aquel entonces era un poco más esperanzadora. La creatividad se veía reflejada en un montón de ideas que caían como mangos no muy podridos de la sede Meléndez. Todos los días tenía dibujos para hacer, cosas que escribir y gente a quién llamar o al menos enviarle un mensaje. Los días pasaron y me ganó la curiosidad de abrirme una cuenta en el famoso Facebook.

Las semanas pasaron y cada vez estudiaba menos. Pasaron los meses como jinetes endemoniados y dejé de estudiar. No me importaba perder materias o ganarlas con tres cerrado si ver fotos de las nalgas de Andrea Rincón estaba en el menú del día. Dejé de empuñar mi pequeño charango y lo reemplacé por agregar gente que ni conocía. Dejé el blog y me puse a escribir frases cortas y triviales como actualizaciones de estado, dejé de tocar guitarra y preferí "dar toques"; y así, poco a poco la enfermiza magia que se escondía detrás de una pantalla se fue apoderando cada vez más de la aburrida vida que empecé a llevar.

La otra noche me puse a pensar en Kurt Cobain, Jimi Hendrix y Sid Vicious. A lo mejor si hubieran tenido Facebook la historia de la música se habría jodido por completo. Quizás Sid se habría matado más joven porque el tener que estar pendiente de las actualizaciones del muro y las fotos en las que Nancy salía etiquetada lo hubiera enfermado de la peor manera. A lo mejor Kurt se hubiera suicidado mucho antes porque al ver que tenía una fan page con más de un millón de me gusta habría ansiado con todas sus fuerzas desaparecer de la faz de éste mundo.

¿Qué diablos es en sí el Facebook? Yo lo definiría como una pajarera. Donde todos los pajaritos cagan y todos pueden ver la mierda que cagaron los pájaros vecinos. Siempre habrán pajaritos rebeldes queriendo escapar de la jaula, pero por más que lo intenten, nunca podrán descartar el importante e inevitable rol que tiene en la vida el observar cacas ajenas.

Un día normal en el Facebook.
A cualquier hora, a cualquier minuto, millones de publicaciones se mueven en los muros. En ellas puede estar la indirecta que lanza el típico despechado, el chiste que pone el payaso, las fotos de la fea que se cree modelo, la frase que pone el filósofo sin voz, la frase copiada del filósofo sin voz que puso un filósofo sin voz frustrado; y el filósofo sin voz completamente frustrado que deslumbra a todo el mundo con su mala ortografía. El enamorado, el desenamorado, el prospecto de poeta, el prospecto de suicida y el prospecto de pendejo.


La chica que fue una perra contigo puso en su situación sentimental una relación con un pobre tipo cualquiera (como tú), le buscas el perfil y te emputas sin ni siquiera conocerlo. Al mes la chica termina con el chico y queda destrozada; sus estados son lágrimas y pétalos de una flor de puta recién marchita. Tú los lees y quizás te alegren un poco. ¿Qué pasa después? Te llega una notificación y sigues echado en la cama.

Antes de tener Facebook tenía éste blog, y me encantaba publicar aquí porque nunca falta la gente que en su tiempo libre quiere untarse de un poquito de la caca de mi pajarera. Lo que más me gusta es que ésto es muy evitable para la gente. Lo que escribo es leído por voluntad propia (en Facebook, "voluntad propia" es una coartada insulsa). Si tú has logrado leer hasta aquí fue porque tú quisiste hacerlo; no quisiste leer a García Márquez (ni en sus ochenta y cinco) y me estás leyendo a mí. No mandaste todo al carajo en la segunda línea y estás aquí, a lo mejor porque el enlace estaba en Facebook. Tú me lees, no comentas, Google me sigue dando mis limosnas... Todos ganamos.

A Facebook le debo logros, celos y citas mediocres. Unos zapatos bonitos y muchos chécheres que adoro. Desvió la visión que yo tenía de la mujer perfecta mostrándome a Katty Ino y me hizo creer que los trucos que hacía Felipe Vasquez no eran tan difíciles. Me hizo pasar horas hablando basura en el chat, pasé crudos instantes de morbo viendo perfiles de suscripción a cientos de chicas nalgonas que vagaban por la red desnudándose a cambio de un me gusta y una paja de nivel SoHo.

A veces quisiera borrar ésa cuenta y mandar mi pixelada vida social al carajo, pero a veces me pregunto si volveré a tener mejores zapatos o nuevos chécheres bonitos para adorar y lo pienso dos veces. Usualmente pienso que podré montar tabla bien algún día y quisiera que el mundo lo sepa para así callarle la boca al que ahora sólo me ve en el suelo con el culo raspado; pero bien sé que la gente es vaga como para meterse aquí y a lo mejor ya ni se acordará de mí. Entonces, ¿Qué mejor herramienta que el bendito Facebook para decirle al mundo: "miren! miren la nueva caca de mi pajarera! miren mis flips de mierda y qué bien defeco en el tubo y en el quarter del nuevo skatepark de la Universidad del Valle"?

Definitivamente, el monopolio del Facebook volvió esclavo al mundo entero. Nos hizo creer que un perfil es algo, y ganó mucha plata a costa de ello, dibujándonos sonrisas ganando publicidad, rompiendo relaciones, causando divorcios, haciendo perder parciales, y más que todo, conectando a la gente de todo el mundo, para seguir haciendo nada.

Muchas gracias, señor Mark Zuckerberg, por volvernos mierda la vida.

febrero 05, 2012

Cuando era niño era muy curioso con los libros. Tanto así que prefería quedarme leyendo en mi casa en lugar de  salir a jugar micro-fútbol con mis amigos del barrio. Tan fuerte se volvió mi adicción a la literatura que sus términos se fueron fijando poco a poco a mi pensamiento inusual. Llegué a considerarme tan superior intelectualmente a mis amigos del barrio y los primeros puestos que sacaba en todos mis años de escolar fueron la coartada perfecta para así darme cuenta de ello.

Hace poco volví a saber de ellos. La mayoría no entró a una buena universidad. Viven de fiesta en fiesta bailando y bebiendo a lo loco, no presentan signos algunos de depresión o angustia; y yo, ando leyendo a Medina y comiendo spaghetti.

Un día soñé que mi madre me preguntaba: ¿Cómo es tu mujer ideal? y yo no podía responderle por simple compasión. Quería decirle que la mayoría de las chicas de mi pueblo eran unas tontas que a duras penas podían leer. Quería decirle que nunca me verá con una mujer alegrona, tetona y sin tatuajes. Que nunca escuchará vallenatos, baladas o bachatas huevonas en la casa de mi mujer y yo. No quería decepcionar aún más a mi madre. Quería que viviera, pero un poquito más contenta.

Yo llegué a amar a una mujer porque prefirió malgastar el tiempo leyendo El mundo de Sofía a malgastarlo moviéndole el culo a un guiñapo en alguna vulgar discoteca. Yo llegué a amar a una mujer porque no tenía tetas pero le sobraban cojones. La quería porque no era otra tonta que se venía al escuchar la voz del mamón de Bunbury, la quería porque la voz de la loca de Joplin la alteraba; porque quizás las letras de Lennon la poseían, porque mi voz le parecía lo más de particular, y porque no consideraba a I.R.A. (una de mis bandas favoritas) como un desastre después de todo.

Yo llegué a amar a una mujer porque la onda de Calamaro le importaba un pito. No necesitaba escucharlo para sentirse "enamorada". Prefería leer a Caicedo y sentirse jodida. Yo llegué a enamorarme de una mujer porque me llamó pirobo en vez de lindo. Yo llegué a amar a una mujer porque al putear acariciaba; porque me mandó al demonio cuando le dije que no la consideraba un lujo. Yo llegué a amar a ésa mujer, porque le dije que la consideraba una necesidad, y se quedó callada.

Hay veces en las que pienso que si mi padre me hubiera regalado una grabadora con champetas en lugar de una biblioteca; ahora sería un poco más ignorante, pero tal vez más normal. Usualmente me causa gracia saber que con aquella chica nada lo fue. Quizás ahora estaría bailando choque con una linda ñerita de Siloé; pero en su lugar, recuerdo ahora a ésa mujer de la alborotada voz que también era un completo desastre a la hora de cantar. Podía quedarme escuchándola por horas. Llegué a quererla porque tuve el sueño de llevarle una sinfónica que toque Pepperland a una gay serenata de Reik. 

Llegué a quererla porque se fue sin haber llegado, y volverá sin haberse ido. Llegué a adorarla porque le dije que era una puta, pero que tenía estilo al serlo.

agosto 04, 2011

MEMORIA A RESCATAR #006

Cuando estaba terminando el bachillerato, me uní a un grupo de oración de unos hermanos maristas; que Dios me perdone, pero la verdadera intención de mi vinculación al grupo fue incrementar mis habilidades como músico. Eran algo oligarcas y estaban bien dotados de instrumentación, de ahí, el aprender a tocar un bajo eléctrico de cinco cuerdas fue mi objetivo, que logré sin mucho esfuerzo. Lo malo era que la directora musical del grupo, no tenía un carajo de oído musical y nos hacía perder a todos con su descoordinación entre voz/guitarra.

Una noche de ensayo, nos contó a todos su historia con la música, y nos transportó cronológicamente a una reunión religiosa que tuvo, en la que un hermano marista desconocido para ella, le pasó una guitarra y la subió al escenario para que cantase una canción en alabanza al señor.

“¡No tenía idea de cómo tocar una guitarra!, ¡Nunca la había tocado!”- Dijo ella sorprendida, “Pero yo sentí que el señor me iluminó en ese instante, y pude milagrosamente tocarla”. Dejándonos atónitos a todos los concurrentes de aquella ocasión.

Le conté aquel épico relato a mi mejor amigo de ese entonces, y éste, incrédulo respondió sonriente: “¡Huy no marica!, ¡Si Dios la iluminó, decile que la ilumine bien!”.

Ambos asentimos, y sonó el timbre para volver a clases.

junio 28, 2011

MEMORIA A RESCATAR #005

"Alguien hizo la tarea de religión?" Pregunta apurado seguido de los muchachos; yo, que a pesar de considerarla una materia poco importante en mi formación académica, casi no dejaba de lado el deber de presentar las actividades que nos ponían. Decidí prestársela, e ir a comprarme algo a la cafetería del colegio mientras ellos copiaban todos mis resúmenes acerca de ciertas encíclicas, a la velocidad que sus manos les permitían.

El recreo se acaba, la maestra recibe nuestros cuadernos y comienza a calificar la tarea mientras hablo basura con mi mejor amiga. Él está al lado nuestro hablando con Héctor cuando la profesora lo llama:

- "Incompleta su tarea joven, tiene aceptable".

Camina furibundo hacia el tembleque escritorio de ella, pero vuelve con su cuaderno hacia nosotros tranquilo y sonriente, sobre él crece una misteriosa y muy efímera atmósfera.

Llaman luego a Héctor y éste vuelve con una sonrisa aún más grande. Él ve su cuaderno, ve la calificación que le otorgan a su compañero y protesta: "Ah! es que él se la copió a Dario desde la primera hora!".

junio 21, 2011

MEMORIA A RESCATAR #004

En décimo grado, era para mí un ritual el sentarme en horas de la noche a ver "Sin tetas no hay paraíso". Amaba tanto ésa serie, que anhelaba ser uno de ésos traquetos y andar con dos paisas altas y tetonas a bordo de un Mustang blanco.

Ahora, en camino hacia un engañoso quinto semestre de Ingeniería, la vida me ha curtido la piel y me ha dado malas noticias acerca del sueño con las paisitas, que me hacen mandarlo al desagüe y dejarlo solamente como un disparate de la pubertad.

(Pero aún aspiro con andar en el Mustang blanco).

junio 05, 2011

MEMORIA A RESCATAR #003

Atardece en las calles de Sibundoy, y montado en mi tabla subo hacia el parque central con dos amigas. Todo ahí es brisas y desolación pueblerina con olor a panaderías de la calle central. Tarde perfecta de semana santa para montar y saltar escaleras.

Una de ellas dice algo bastante estúpido y le digo involuntariamente "gay" (Tal como les digo a todos mis amigos cuando hacen algo vergonzoso).

Ella, furibunda me dice: "Tonto! gay no es un insulto! ¿Qué te pasa? Yo prefiero que me digan gay a que me digan que soy una ladrona o una matona!".

La verdad, yo preferiría que me dijeran que soy un matón (Al menos sé que los matones no son maricas).

mayo 20, 2011

MEMORIA A RESCATAR #002

Ella es, a mi juicio, lo más hermoso que he visto en el Putumayo. Rostro bello, piel morena, figura esbelta, caderas impresionantes, senos firmes y piernas tan torneadas que da la impresión que hubiesen sido hechas en un laboratorio de precisión óptica.

Solía encontrarla en las discotecas de aquel frío y pequeño pueblo, quedando hipnotizado e inerme al contemplar el vaivén de sus apetecidos encantos; mientras la iridiscente espuma de cerveza que había en mi vaso bajaba de nivel, al igual que mis posibilidades de entablar un diálogo no-desastroso con ella. Toda mi familia sabía que estaba chiflado por esa mujer, incluso mi madre.

La agregué al facebook hace unos días, me aceptó la solicitud y una noche la encontré conectada. Quise empezar con el cortejo mediante el chat, craneaba lo más expresivo, coherente y dulce posible para fingir de manera natural, ser un hombre tierno, interesante y una buena opción para ella.

Estando a punto de soltar mi cháchara, el pequeño demonio interno que habita en mi pensamiento me dijo: "¿Crees que tienes alguna remota posibilidad con ella?".

Cerré el facebook, apagué el computador, y salí a la tienda por una cerveza.