Recuerdo que hace tres años entré a la Universidad y la visión de la vida que tenía en aquel entonces era un poco más esperanzadora. La creatividad se veía reflejada en un montón de ideas que caían como mangos no muy podridos de la sede Meléndez. Todos los días tenía dibujos para hacer, cosas que escribir y gente a quién llamar o al menos enviarle un mensaje. Los días pasaron y me ganó la curiosidad de abrirme una cuenta en el famoso Facebook.
Las semanas pasaron y cada vez estudiaba menos. Pasaron los meses como jinetes endemoniados y dejé de estudiar. No me importaba perder materias o ganarlas con tres cerrado si ver fotos de las nalgas de Andrea Rincón estaba en el menú del día. Dejé de empuñar mi pequeño charango y lo reemplacé por agregar gente que ni conocía. Dejé el blog y me puse a escribir frases cortas y triviales como actualizaciones de estado, dejé de tocar guitarra y preferí "dar toques"; y así, poco a poco la enfermiza magia que se escondía detrás de una pantalla se fue apoderando cada vez más de la aburrida vida que empecé a llevar.
La otra noche me puse a pensar en Kurt Cobain, Jimi Hendrix y Sid Vicious. A lo mejor si hubieran tenido Facebook la historia de la música se habría jodido por completo. Quizás Sid se habría matado más joven porque el tener que estar pendiente de las actualizaciones del muro y las fotos en las que Nancy salía etiquetada lo hubiera enfermado de la peor manera. A lo mejor Kurt se hubiera suicidado mucho antes porque al ver que tenía una fan page con más de un millón de me gusta habría ansiado con todas sus fuerzas desaparecer de la faz de éste mundo.
¿Qué diablos es en sí el Facebook? Yo lo definiría como una pajarera. Donde todos los pajaritos cagan y todos pueden ver la mierda que cagaron los pájaros vecinos. Siempre habrán pajaritos rebeldes queriendo escapar de la jaula, pero por más que lo intenten, nunca podrán descartar el importante e inevitable rol que tiene en la vida el observar cacas ajenas.
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| Un día normal en el Facebook. |
La chica que fue una perra contigo puso en su situación sentimental una relación con un pobre tipo cualquiera (como tú), le buscas el perfil y te emputas sin ni siquiera conocerlo. Al mes la chica termina con el chico y queda destrozada; sus estados son lágrimas y pétalos de una flor de puta recién marchita. Tú los lees y quizás te alegren un poco. ¿Qué pasa después? Te llega una notificación y sigues echado en la cama.
Antes de tener Facebook tenía éste blog, y me encantaba publicar aquí porque nunca falta la gente que en su tiempo libre quiere untarse de un poquito de la caca de mi pajarera. Lo que más me gusta es que ésto es muy evitable para la gente. Lo que escribo es leído por voluntad propia (en Facebook, "voluntad propia" es una coartada insulsa). Si tú has logrado leer hasta aquí fue porque tú quisiste hacerlo; no quisiste leer a García Márquez (ni en sus ochenta y cinco) y me estás leyendo a mí. No mandaste todo al carajo en la segunda línea y estás aquí, a lo mejor porque el enlace estaba en Facebook. Tú me lees, no comentas, Google me sigue dando mis limosnas... Todos ganamos.
A Facebook le debo logros, celos y citas mediocres. Unos zapatos bonitos y muchos chécheres que adoro. Desvió la visión que yo tenía de la mujer perfecta mostrándome a Katty Ino y me hizo creer que los trucos que hacía Felipe Vasquez no eran tan difíciles. Me hizo pasar horas hablando basura en el chat, pasé crudos instantes de morbo viendo perfiles de suscripción a cientos de chicas nalgonas que vagaban por la red desnudándose a cambio de un me gusta y una paja de nivel SoHo.
A veces quisiera borrar ésa cuenta y mandar mi pixelada vida social al carajo, pero a veces me pregunto si volveré a tener mejores zapatos o nuevos chécheres bonitos para adorar y lo pienso dos veces. Usualmente pienso que podré montar tabla bien algún día y quisiera que el mundo lo sepa para así callarle la boca al que ahora sólo me ve en el suelo con el culo raspado; pero bien sé que la gente es vaga como para meterse aquí y a lo mejor ya ni se acordará de mí. Entonces, ¿Qué mejor herramienta que el bendito Facebook para decirle al mundo: "miren! miren la nueva caca de mi pajarera! miren mis flips de mierda y qué bien defeco en el tubo y en el quarter del nuevo skatepark de la Universidad del Valle"?
Definitivamente, el monopolio del Facebook volvió esclavo al mundo entero. Nos hizo creer que un perfil es algo, y ganó mucha plata a costa de ello, dibujándonos sonrisas ganando publicidad, rompiendo relaciones, causando divorcios, haciendo perder parciales, y más que todo, conectando a la gente de todo el mundo, para seguir haciendo nada.
Muchas gracias, señor Mark Zuckerberg, por volvernos mierda la vida.
